¡Feliz Año Nuevo!
Un nuevo año, con nuevos sueños, nuevos compromisos, desafíos, triunfos y, claro, dolores. Otros 365 días cargados de la oportunidad de ser mejores que los 365 previos.
Pero permítanme aterrizar un poco todos esos deseos de nuevo año: todos los días es Año Nuevo.
Sí, tenemos un calendario desde hace casi medio milenio que dice que el año acaba el 31 de diciembre y comienza el 1 de enero. Pero no es un año garantizado. No sabemos si la fiesta —la vida misma— se nos acaba el 2 de enero o dentro de setenta años más.
Ni siquiera sabemos lo que viene en los próximos treinta segundos.
Carpe diem, quam minimum credula postero, dicen que dijo Horacio, cuando dicen que quiso decir algo como “aprovecha el día, confiando lo menos posible en el siguiente”.
Cada despertar es un Año Nuevo y cada fin de la jornada, al cerrar los ojos, es 31 de diciembre.
Y todos esos deseos, sueños, proyectos, no se van a materializar nunca si no hay un hoy, ahora mismo.
Las uvas, las vueltas a la manzana cargando maletas, las velas, los brindis y lo que sea que creas que hará tu año mejor —lo lamento, breaking news— no lo va a hacer. Tu decisión, tu constancia, tu disciplina, sí.
¿Desde el 1 de enero? ¿Qué tal desde este mismo instante? Esa vida no se va a vivir sola.
Mañana, pasado mañana, 365 veces más: ¡Feliz Año Nuevo!
*Ilustración: David Ramos, generada con IA (Abacus.AI/ChatLLM Teams)





