La Navidad en la que Santa no vino más

Dibujo infantil de Santa Claus tachado sobre una mesa navideña con gorro, panetón y chocolate, ilustrando un texto sobre el final del mito de Santa.

¿Por qué necesitaríamos que un barbón canoso empeluchado con los colores patrios peruanos se deslice por una chimenea inexistente para entregar regalos que en verdad compramos los padres?

No recuerdo en mi niñez peruana que alguien haya creído en Santa, más allá de lo que se veía en las películas estadounidenses. Llegada la medianoche de Nochebuena los regalos se entregaban, se abrían, se disfrutaban. Al día siguiente correspondía, claro, ir a ver a los amigos para jugar con los nuevos juguetes.

La sola idea de ir a dormir sin regalos esperando que aparezcan al pie del árbol se me hubiera hecho eterna.

Así que me costó en casa, aquí, más al norte —en México—, pasar un par de años bancándome la historia de Santa y que mi hija creyera en esa fantasía hollywoodense.

Pero ya no más.

Tuve miedo, lo confieso. Estaba conduciendo el auto con Sofía a bordo. Fio, mi esposa, al teléfono, me encargó la misión de soltar esa verdad que parece ser tan dolorosa en las películas: que Papá Noel no existe y que los regalos salen del sudor laboral de sus padres.

Pensé que habría alguna lágrima, un sollozo, una queja por haber sostenido en estos años semejante mentira. Pero nada. Resulta que —¡oh, sorpresa!— una niña de 6 años puede sobrellevar perfectamente la idea de que Santa no existe y que sus regalos los compraron mamá y papá.

De hecho, pude ver en sus ojos el brillo de quien ha descubierto la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes: una revelación majestuosa.

Claro, le pedí que mantuviera el secreto, que seguramente muchos de sus amigos no sabían que el hombre del traje rojo era ficción, como Scooby Doo o las KPop Demon Hunters. Y así lo hizo, con actuaciones navideñas dignas del Oscar.

Pero si tú, yo, todos sabemos que no existe… ¿por qué…?

¿Por qué le adjudicamos los regalos a Santa? ¿Para que un personaje ficticio y no nosotros carguemos con la responsabilidad del buen o mal regalo? ¿Para que durante semanas los niños condicionen su conducta no a las normas de casa sino a quien sabe de ti, sabe de mí, lo sabe todo, no intentes huir? En serio, ¿por qué un tipo salido de un comercial de refrescos se lleva el crédito de los regalos que tanto —económica y emocionalmente— nos cuestan?

¿Es en serio que la “magia” de la Navidad depende de ese personaje que supuestamente viaja por los aires demasiado abrigado hasta los confines de la Amazonía, donde se duerme a 38 grados Celsius?

Me resisto a aceptar que la “magia” de la Navidad sea que despertemos todos y hayan desaparecido las galletas y el vaso de leche esté vacío.

No. La verdadera magia de la Navidad es, finalmente, que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. La Navidad es que nació Jesús. Los regalos son un gesto de cariño y de celebración, y nada más.

Y claro que Santa siempre sobra.

¡Feliz Navidad!

*Ilustración generada con inteligencia artificial por David Ramos mediante ChatLLM Teams de Abacus.AI.

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Ilustración editorial de un hombre con cabello rapado gris sentado en una azotea de noche, contemplando fuegos artificiales que forman el número 2026 sobre una ciudad latinoamericana, con un cuaderno y dos copas de champaña a su lado. Next post Todos los días es Año Nuevo

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